Media vida es puro sueño

Los científicos de los Objetos demuestran que -soñando o no- nos pasamos media vida dormidos y media despiertos. Los científicos de la Energía afirman que vigilia o no vigilia, siempre estamos dormidos hasta que dejando de soñar despertamos. Sea como sea, en lo personal prefiero por el momento no meterme en discusiones y utilizar mis sueños como herramienta para aprender cosas y perfeccionar habilidades, y como un medio de actividades deliberadas para divertirme, y luego compartir. Bienvenidos.

sábado, 6 de octubre de 2012

Mundo Azul



Durante mucho tiempo me esforcé por efectuar un acto voluntario durante el sueño; ver mis manos, como leí que aconsejaba don Juan Matus a Castaneda en sus enseñanzas sobre "la manera de arreglar los sueños".
Fracasé no sé cuantas veces hasta que después de casi un año lo logré de repente a mitad de un sueño de lo más normal cuyo contendio no recuerdo ahora. De pronto, y sin que mediara ningún hecho perceptible, recordé mi intención, levanté las manos a la altura de mi rostro y las ví.

El hecho de lograrlo después de tantos intentos fallidos me causó una alegría inmensa y bascular entre ellas y los objetos de mis sueños efectivamente me permitió un cierto "control" de los actos y desplazamientos dentro de los parajes o escenas que aparecían ante mí o en las que me veía inmerso.

Esa primera noche tuve mi primer sueñito muy parecido a lo que los toltecas recomiendan... así que me encontré de pronto en un sitio hermoso en una planicie soleada que parecía de otro tiempo y en la que las personas llevaban atuendos extraños y el pelo largo. Lo único que hice fue sostener la visión lo más que pude desplazando mi vista de las manos a cuanto objeto tenía a mi alcance, incluyendo personas que hacían su vida cotidiana aquí y allá y que paerecían no reparar en mi presencia. Mi cuerpo estaba totalmente tieso, como una escultura, y lo único que podía mover eran mis ojos y mis manos. Parecía realmente una especie de escultura de piedra con las manos levantadas y los ojos móviles.

Una noche, muchos meses después de esa primera y memorable noche,  mientras experimentaba una de mis ya familiares "salidas del cuerpo", sentí una perturbación peculiar, seguida de una sacudida y sentí que caía (mientras flotaba, sentía claramente mi cuerpo, incluso sentía su forma y posición: boca abajo, con el rostro vuelto hacia la izquierda, el brazo derecho doblado bajo la cara y el izquierdo pegado al costado).

Recordaba perfectamente que me había acostado muy cerca de la orilla izquierda de la cama. Por un momento pensé -y me pareció cómico- que me estaba cayendo hacia el piso, así que lo que iba a conseguir no era precisamente algo extraordinario, sino un muy común y nada gratificante madrazo en el duro piso de cemento.
Esperé recibir el golpe resignado y con una ligera sonrisa; pero seguí cayendo lentamente y el golpe no llegaba.
Giré hasta quedar de costado, "abrí los ojos" y entonces me di cuenta de que estaba flotando cerca del techo de lámina de asbesto. Giré nuevamente (el control de aquel cuerpo lo ejercía utilizando la "masa" de la cabeza como una especie de timón) hasta quedar con el rostro hacia el piso y me topé con una escena que de momento me pareció extraña y ajena a mi persona: sobre una cama en cierto desórden había una persona boca abajo, dormida profundamente, como muerta.

Sentí cierta repulsión hacia ese cuerpo tosco, tumbado pesadamente sobre aquella cama desordenada; me parecía estar observando un gran montón de mierda. Traté de "aclarar" más mi visión, después de un momento, caí en la cuenta de que había un cierto halo negro muy tenue envolviéndolo. Luego cai en la cuenta de que ese cuerpo desagradable era yo mismo. En ese momento no quería volver a meterme en aquella cosa pesada y "fea".
Como no me gustaba para nada ese espectaculo, giré rápidamente hacia arriba y hacia la izquierda y salí disparado a gran velocidad hacia una esquina del techo de la casa (la esquina que da hacia el oeste). Atravesé sin problemas la pared y salí, felíz y ligero, hacia la noche hermosísima y poderosa. Perdí  poco a poco el impulso, me deje flotar hacia arriba mientras disfrutaba del espectáculo. La noche era algo impresionante de verdad y el ambiente cristalino y silencioso. Me sentía extraordinariamente felíz y fuerte.
Hice un movimiento para evitar seguir elevándome y me lancé hacia el noroeste, hacia los cerros más altos, pero el impulso fue demasiado fuerte y me llevó mucho más allá de mi objetivo y volé durante un período de tiempo del que no tengo idea cuánto haya durado.
Cuando paré finalmente, estaba ante un espectáculo maravilloso. Frente a mí se extendían a uno y otro lado las montañas más hermosas que jamás había contemplado nunca (me recordó a las de Perú que había visto en fotografías unos años atrás).

Las estrellas parecían muy cercanas y el aire se veía limpísimo. Era como de madrugada y no encontré por ningún lado alguna luz artificial u otra manifestación de vida más que el oscuro follaje lejano.
Era noche cerrada, sin luna, pero el paisaje se veía como si hubiera una gran luna llena.
Cerca había unas colinas cubiertas de pasto y arbustos bajos, tapizadas de tumbas sin ornamentos. Lo chistoso es que no sé cómo llegué a la conclusión de que eran tumbas, porque de hecho no tenían nada que las identificara como tales.

Todas aquellas "tumbas" parecían estar pintadas de azul; todo el paisaje era una rica paleta de cientos de matices que iban del azul al verde, mezclados con negro en con distintas intensidades.
Me hice sólido gradualmente, utilizando el recurso de bascular entre mis manos y el entorno. Cuando me sentí parado enmedio de aquel sitio, me di cuenta de que si aquello era un cementerio, lo era de un modo muy curioso; no parecía de este mundo: no tenía cruces ni lápidas; eran solo construcciones más o menos geométricas bajas de formas más o menos diversas, pero que parecían estar hechas de piedra maciza y pesada.

Así como me llegó la certeza de que aquello era un cementerio, así me llegó la certeza de que me encontraba en un tiempo mucho muy lejano al actual. Junto con ello me llegó también la certeza de que yo estaba sepultado ahí. Era muy curioso.

Traté entonces de ubicarme observando los puntos sobresalientes del paraje y las constelaciones. Parecía que estaba observando las estrellas desde otro mundo, porque no podía ubicar nada conocido y eran demasiadas; los picos de las montañas estaban sumidos en azules y verdes mezclados con negro profundo.
Entonces comencé a caminar entre las pequeñas construcciones, buscando alguna inscripción que me aclarara el asunto, pero por más que me esforcé no pude distinguir ninguna marca ni texto, ni dibujo de ningún tipo.
Me llegó otra sensación que detuvo mis indagaciones. Yo estaba muerto y enterrado ahí; me había muerto mientras dormía hacía millones de años. Todo lo que había creido vivir no había sido más que ilusión; el sueño de un muerto, el sueño de un espíritu que por fin volvía al sitio de donde salió.

Así que de eso se trata, pensé, se acabó todo. Que raro es el mundo.

Me sentí un poco triste porque pensé que ya no iba a despertar nunca más en mi cama, que nunca jamás vería a aquellos que yo consideraba mi familia y que no eran más que sueños de quien sabe qué espíritu igual al mío que quizá también estuviese enterrado en ese o en quien sabe cuántos sitios más en el Universo.
¿Y ahora que sigue?, me pregunté, mientras sentía una creciente presión sobre el cuerpo.

Un jalón fenomenal me sacó de aquel lugar, provocando que todo alrededor se hiciera borroso y difuso; una oscuridad pareció envolverme por unos segundos y luego estaba despierto sobre mi cama, boca arriba.
Esta experiencia me dejó muy inquieto y pensativo. Estuve mucho rato dándole vueltas al sueñito y solo después de mucho batallar pude al fin volver a conciliar el sueño.
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Cabe mencionar que se me olvidó completamente cuando amaneció y me levanté para efectuar mi rutina diaria en la vigilia. Lo recordé por la tarde, cuando ví en una revista de fotografías que acababa de comprar, una foto posterizada de una mujer en tonos de azul y con los labios y los párpados fosforescentes.

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