Estoy en una de las
habitaciones de una casa de un piso, con tres mujeres, dos jóvenes musculosos
que parecen gemelos y que se mueven como trapecistas de circo [?], vestidos
como los antiguos indios de Estados Unidos. Una joven cuyos razgos no recuerdo
muy bien, un hombre mayor y dos mujeres de unos cuarenta y tantos años; una
blanca de pelo corto y otra trigueña de pelo largo y quebrado. Al viejo y a uno
de los indios los he visto antes unas tres o cuatro veces dentro del sueño.
La mujer blanca está
junto conmigo y me habla cariñosamente con palabras cortas y suaves, yo masajeo
sus pies, sus tobilos, sus rodillas, sus piernas, y toco algunos puntos de su
cuerpo con la punta de los dedos, pero, extrañamente, no hay ni el más mínimo
componente sexual en esa actividad; es más bien un acto de afecto mezclado con
juego. Ella me observa atentamente y reacciona con gestos exagerados de asombro
o risa a algunas cosas que yo hago. Parece divertida; es como si yo fuera su
perrito y ella observara mis travesuras de mascota consentida.
En un momento
determinado me dice "ven conmigo", y yo la sigo hasta la puerta de
entrada, donde hay unos escalones que conducen hacia el patio; esa habitación
está en penumbras y el piso parece estar abajo del nivel del suelo en el
exterior. Cuando estamos afuera me señala con la mano hacia el cielo y veo que
sobre el fondo azulado aparecen y desaparecen palabras, como si un gigante
invisible las escribiera con una especie de niebla blanca.
La mujer me dice:
"ve por ella", yo afirmo con la cabeza y de pronto me encuentro en un
lugar completamente distinto. Otro mundo.
Estoy en una gran
planicie rectangular levemente inclinada en uno de sus lados. Es grande,
completamente lisa, más lisa que el cemento pulido. Es como si fuera una enorme
pieza de loseta para piso color gris claro. La pendiente es muy suave, casi no se
ve, pero se percibe como una sensación-certeza.
En donde termina el
piso, hay una especie de pared que desciende abruptamente hacia un abismo cuyo
fondo no puede apreciarse, debido a que toda aquella pared que va hacia la
profundidad está cubierta completamente de árboles y vegetación densa.
Es de madrugada. Todo
está oscuro, aparentemente no hay ninguna fuente de luz. En el cielo azul
oscuro se aprecian girones de nubes dispersas. Estas nubes tienen una
configuración extraña, son circulares. Parecen esos anillos que suelen crear
con la boca los fumadores al hacer pasar el humo del cigarro por la boca
entreabierta, con la diferencia que estas nubes con forma anillos no se
desvanecen, solo se mueven todas lentamente en una misma dirección.
Aparte de las nubes,
hay otras cosas que tienen forma circular, pero no recuerdo ahora qué son exactamente o dónde estaban o qué aspecto
tenían en ese momento [?].
Me preguntaba si todo
aquello tenía algún significado, pero no pude hallarle otro más que la
sensación de estar en otro mundo.
En esa planicie
completamente desprovista de objetos encontré a una mujer que en lugar de
hablar, escribía en el aire pensamientos con letra azul.
Leo lo que dice: son
cosas triviales y conceptos simples. Me recuerda a esas cartitas que escriben
los niños y adolescentes cuando comienzan a "jugar a los novios". Sin
embargo, ella parece profundamente conmovida. Me dá la impresión de
que lleva mucho tiempo ahí sola.
En un momento
determinado me invade una sensación de afecto por aquella mujer desconocida y
decido llevármela conmigo. La tomo de la mano izquierda con mi mano derecha y
comenzamos a caminar con dirección hacia los árboles.
Ella sigue
escribiendo en el aire palabras sueltas mientras sonríe. Yo le digo: "aquí
está muy oscuro, voy a llevarte hacia la luz". Quiero lanzarme al abismo
con ella y salir volando de ahí juntos.
Cuando llegamos casi
al borde del abismo arbolado, la mujer parece darse cuenta de mi intención, se
para en seco y se resiste a avanzar, parece asustada con la perspectiva de
lanzarse a aquella profundidad. Deja de escribir en el aire y yo trato de
obligarla con suavidad a seguir caminando.
De pronto la mujer se
eleva en el aire, da un giro extraño y cae hacia un canal abierto en el piso,
hacia nuestra derecha. Ese canal había pasado desapercibido para mí mientras
caminábamos, pero ahora lo puedo ver con toda claridad.
El movimiento que
ella efectuó tuerce mi brazo, me obliga a soltarla y me tira al piso, de manera
que quedo acostado de espaldas. Ahora la mujer está metida dentro de aquel
canal y veo que hay otras personas también ahí, todas muy jóvenes. Son cuatro,
un hombre y tres mujeres más. Parecen agitados.
Sigo de espaldas
contra el piso, con la cabeza colgando en el borde del canal y mi mano
izquierda colgando en el aire.
Le digo algo que sale
de mi garganta "por sí mismo", sin mi aparente consentimiento:
- "Llevas
viviendo mucho tiempo en esta oscuridad, ya eres una criatura de la noche
¿Temes a la luz?. No temas, confía en mí; sólo voy a llevarte conmigo.
Como respuesta, casi
al terminar de hablar, sus dos manos se convierten en afiladas garras y lanzan
dos zarpazos, uno hacia mi cabeza y el otro hacia mi pecho. Sus golpes los
siento como "masas densas de aire" [?] atravesándome. Sé que no puede
hacerme daño. Me siento sereno, seguro, relajado y muy poderoso.
Al terminar su
agresión se retrae temerosa y entonces, nuevamente, mi garganta habla "sin
mi consentimiento". Me escucho decir:
-"No te gastes,
no puedo dañarte y tú no puedes dañarme". ¿No quieres liberarte?.
De pronto algo se
apodera de mí; una ola recorre mi cuerpo, algo que siento como un
"cuchillo acerado" [?]. Mi garganta emite un sonido fuerte, extraño,
aterrorizante, sordo, inhumano; que me sobresalta en alguna parte de mí mismo.
Mi cuerpo parece actuar separadamente de mi mente. Al mismo tiempo que emito
ese rugido terrorífico, mi mano izquierda sale disparada y aferra a la mujer
por el cuello. Ahora mi cuerpo gira y quedo con el pecho hacia el piso. Con la
mano derecha tomo el brazo izquierdo de la mujer y luego suelto su cuello y
agarro su brazo derecho con la izquierda; parezco tener una enorme fuerza. Todo
este evento sucedió muy rápidamente y sin que intervinieran pensamientos de
ningún tipo; como si yo fuera un títere que se observa a sí mismo "desde
adentro" [?].
La mujer está
visiblemente aterrorizada y entonces los cuatro jóvenes efectúan un movimiento
que me parece coordinado, rápido, eficiente y elegante; el hombre la abraza por
atrás, una joven lo abraza a él también por la espalda y las otras dos abrazan
a la mujer por sus dos costados. Todos parecen asustados y enfocados en mí.
Me doy cuenta de que
estoy apretando excesivamente las muñecas de aquella mujer y aflojo la fuerza.
Pongo las manos en forma de anillo para permitir que la mujer no sufra, pero
sin dejar que se me escape. Mis manos funcionan ahora como esposas policiacas.
Les hablo con
suavidad. Les digo que no tienen nada que temer, que no pretendo hacerles daño;
que solo quiero llevar a la mujer "hacia la luz".
Pasa un tiempo más o
menos largo, en el que ellos y yo parecemos esperar cada uno el siguiente
movimiento del otro.
Sé que no podré mover
a ese grupo mientras estén así entrelazados. Es evidente que la mujer no desea
salir de ahí y sus compañeros no quieren que me la lleve.
Decido irme de ahí
cuanto antes. No tiene caso insistir en llevarme nada de ahí.
Me enfoco en mi cama
y, un poco antes de despertar, suelto a la mujer y a sus amigos.
Una vez despierto me siento confuso, no se si me he despertado del todo o no. Me pregunto qué
habría sucedido si esto tuviera algo de real; me pregunto que habría sucedido de no haberla soltado ¿Qué habría hecho con ella? Menudo
problema en que me habría metido. En realidad no habría sabido conducirla a
ningún lado…


No hay comentarios:
Publicar un comentario