Camino por una calle que no conozco, me acompaña una
mujer de mediana estatura. La mujer lleva unos niños, pero no logro enfocarme
en ellos, no puedo saber si son uno, dos o tres; no se si son niñas o niños.
Caminamos con rumbo al sur, el sol se está ocultando
por nuestra derecha, hacia el oeste. Grandes y altos nubarrones ocultan el
borde de las montañas lejanas y parte de aquel sol que agoniza. Algunas sombras
se mueven sobre las nubes.
Ahí están, son grandes objetos como sombreros oscuros
que vuelan como moscardones entre el sol y las nubes. Sus formas se proyectan
sobre las nubes de tanto en tanto, pero nadie parece advertirlo.
Llamo la atención a la mujer para que los vea también,
pero parece tener dificultades. Finalmente los ve y se emociona mucho. Pasan
algunas cosas más después de eso, pero recuerdo nada de nada.
Cuando vuelvo a estar consciente de mí, voy caminando
hacia el noreste [no me pregunten cómo sé que es el noreste y no otra dirección
o ninguna], por otra calle también desconocida. Levanto las manos a la altura
del rostro para fijar el ambiente. Enfoco mis manos y luego otros objetos que
hay por ahí. La calle no está pavimentada, recuerdo el polvo y las pequeñas
rocas en las que voy anclando la mirada mientras camino [¿es un desierto?]. Veo
que unas personas vienen en sentido contrario y me apresuro a señalarlas con el
meñique; no tienen energía propia, concluyo que son proyecciones.
Las rocas, la calle y mis manos no cambian ni se
alteran cuando fijo la mirada en ellas o cuando pido ver energía o las señalo
con el meñique. Solo las personas oscilan y/o se desvanecen en otra cosa.
Encuentro a un joven alto y delgado, con pantalones
grises [¿mezclilla?], pelo más o menos largo y sin camisa. Está parado a mitad
de la calle como en posición "a caballo" y me da la espalda. No sé
porqué me viene a la mente de que se trata de C.
Voy a señalarlo con el meñique y me doy cuenta de que
-sin verme- él ya me está señalando a mí, pero con el índice de la mano
derecha, que ha pasado por enfrente de su pecho, y por encima de su hombro
izquierdo. Me apunta sin verme; su mano parece mostrar el gesto de disparar
cómicamente con una pistola.
Me llevo una sorpresa y el joven aquel parece llevarse
también otra cuando se vuelve a enfrentarme todavía señalándome con su índice
derecho.
Lo estoy señalando, pero en lugar de oscilar está
fosforeciendo; es real. Me siento muy contento. Me llega la sensación de que
"es un tipo con experiencia y talento para el sueño".
Me acerco y nos tocamos las manos, de hecho nos damos
"un apretón de manos", es una sensación extraña; como algo real pero
lejano [?]. Estoy felíz y él parece también estar muy a gusto. Nos observamos
atentamente por un momento.
Le pregunto su nombre y me sorprende su respuesta. Me dice que se llama [no recuerdo si Luis o Julio o
algo así] y que es de Venezuela. Yo le digo que soy Z, de México. El abre
la boca y los ojos y parece sorprendido. A mí me da risa su gesto; es muy
cómico. En ese preciso momento se acerca otro sujeto joven que parece conocer
al primero. Comienzan a llegar más personas, "materializándose" desde
la nada y yo los sigo señalando a ellos y ellos señalándome a mí. Todos parecen
reales y fosforecen; a diferencia del primero, éstos últimos parecen asombrados
y desconfiados; como si algo de mí no les gustara.
Supongo que yo también debo tener en ese momento "cara de idiota sorprendido". ¿Será
posible que halla todo un grupo comprometido -con éxito- en investigar deliberadamente las vías del sueño lúcido? ¿Porqué no? Es posible. Se dice que hay gente de este tipo en Sudamérica toda, sobre todo en Brasil y Venezuela.
Algo cambia. No sé qué pasa, pero algo cambió de
pronto. Todos están fijos en mí y siento la fuerza sumada de sus ojos como una
presión; parecen ligeramente desconfiados o agresivos o temerosos o qué se yo.
Estan apretados en un grupo compacto, como niños asustados. Me siento abrumado
de alguna manera, no puedo "hablar" y ellos parecen experimentar
dificultades también. Son unos seis o diez jóvenes, no puedo saber si hay
hombres y mujeres. Entonces me lanzo como en un "salto mortal" hacia
arriba y hacia atrás y me voy volando de ahí. Al hacerlo algo cede y
"recupero mi capacidad de hablar", volteo y les grito
"adiós", mientras "muevo la mano" en gesto de despedida.
Aterrizo en otra calle desconocida, parece que estoy
mirando hacia el sur. No hay grandes edificios, solo construcciones bajas y el
cielo está casi limpio de nubes. El sol no se ve por ninguna parte, aunque
parece ser de día. Hay varias personas deambulando. Levanto la mirada hacia el
cielo y veo algo que se mueve en dirección hacia la tierra. Cuando se acerca
más, me doy cuenta de que parece una enorme medusa o malagua casi transparente,
color rosa-pastel-fosforescente, tiene una gran cabeza como de balón achatado,
pliegues abajo y alrededor y largos hilos colgantes que se mueven a modo de
tentáculos. Es un espectáculo impresionante, pero inquietante. Se lo digo a la
gente, pero se ríen y no me hacen caso.
Aparecen más y más, y pronto está todo el cielo lleno
de aquellas cosas que vienen hacia abajo moviéndose a "tirones" y
mediante desagradables "contraciones". Pero la gente parece no
verlas.
De pronto comienzan también a verse destellos de luz
en el cielo, como chispas incandescentes que volaran en distintas direcciones.
La gente se para a verlas y las señala con el dedo mientras gesticula
entuisasmada. Me doy cuenta de que ven los destellos, pero no a las medusas,
que ya están mucho más cerca. Siento que las medusas son una amenaza para la
gente, pero no logro encontrar el modo de hacérselos saber.
Llamo la atención de las personas hacia los destellos
y les digo que son peligrosos (Desisto de tratar de convencerlos de que desde
el espacio vienen grandes medusas y de que alguna manera estamos amenazados
todos).
Hay una tienda cubierta de lona y otros tejidos atrás
y a mi izquierda, tomo algunos niños asustados de la mano y corro con ellos
hacia la carpa; algunos adultos también me siguen; la mayoría de las personas,
sin embargo, están contentas y emocionadas viendo los destellos y me toman por
loco.
Adentro de aquel sitio hay una gran cama cubierta con
una colcha amarilla y varias camillas e instrumentos como de hospital. Parece
una carpa médica vacía de las que usan en la guerra.
Al sentarme en la cama siento como si un bloque
compacto de algo como masa se abriera en múltiples fascetas dentro de mi cuerpo
[¿?] y me llenara de un recuerdo imposible que antes no existía; yo sé lo que
pasó ahí. Yo estuve ahí. Yo conozco a la gente que sufría ahí. Veo en rápida
sucesión a todas las personas que morían y que lloraban ahí, recostados sobre
aquellas camillas. Eran muchas, estaban apilados unos sobre otros. Una certeza
me golpea: las medusas venían de tanto en tanto a "comerse el dolor"
de aquellos moribundos.
Le digo a la gente que está adentro de la carpa que no
hay salvación posible para nosotros, que no tenemos dónde escondernos; que lo
único que podemos hacer es "permanecer sin sentimientos ni pensamientos"; que
no debemos temer y que debemos ser fuertes.
-"Moriremos, pero vamos a pelear".
Veo que las medusas están penetrando por el techo de
lona; ya está una adentro. Los niños la ven.. Me doy cuenta de que la estan
viendo porque levantan el rostro y se quedan fijos en aquella cosa que se mueve
lentamente por el techo. Los adultos no ven nada, pero estan nerviosos,
asustados e inquietos.
No se calman, aunque les digo que las medusas no nos
ven, "solo ven el vapor de nuestras pasiones", que "si nos
mantenemos en calma no pasará nada".
En lugar de calmarse, algunos se agitan más. Algunos niños comienzan a
sollozar bajito; procuro serenarme, aunque en lugar de alejarlos estamos
atrayendo esas desagradables cosas hacia la tienda y yo no puedo hacer nada
para impedirlo.
Ya hay dos o tres medusas adentro de la carpa y
parecen estar fijas en nosotros. Siguen entrando más y más [Son criaturas
enormes y al mismo tiempo y extrañamente caben muy bien en lo alto de esa carpa
que -tomando como referencia la altura de las personas- aparenta medir unos
seis por seis metros de lado, con unos tres de alto en su parte más alta]
Las medusas van a "comerse lo mejor" de esas
personas. Por más que trato, soy incapaz de defenderlas o de convencerlas de
que permanezcan serenas e impasibles. Estoy tranquilo ahora, pero si me quedo,
quizá la angustia, la desesperación, la frustración y la furia se apoderen de
mí cuando vea lo que harán con mis semejantes aquellos seres extraños; sobre
todo con los más pequeños... y quizá entonces yo tampoco pueda escapar de ese
destino. De una cosa estoy seguro con respecto a esos monstruos asquerosamente
brillantes y rosados: no quiero verlos, no quiero que se me acerquen siquiera,
no dejaré que me toquen.
Me llega una sensación de acerada indiferencia. Aunque
es prácticamente nada, ya hice todo lo que podía hacer por la gente. No tengo
fuerza para luchar por otros. Casi no tengo fuerza para luchar por mí mismo.
Me enfoco con toda la fuerza de que soy capaz en el
sitio en que dormí y todo se desvanece rápidamente.

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