Media vida es puro sueño

Los científicos de los Objetos demuestran que -soñando o no- nos pasamos media vida dormidos y media despiertos. Los científicos de la Energía afirman que vigilia o no vigilia, siempre estamos dormidos hasta que dejando de soñar despertamos. Sea como sea, en lo personal prefiero por el momento no meterme en discusiones y utilizar mis sueños como herramienta para aprender cosas y perfeccionar habilidades, y como un medio de actividades deliberadas para divertirme, y luego compartir. Bienvenidos.

sábado, 6 de octubre de 2012

Dos Dedos




Llego a un "sitio de trabajo". He llegado caminando.

Es una construcción baja con muchos espacios limpios y bien acondicionados como oficinas, pasillos, cubículos y salas de reunión. Se trata de un gran complejo amueblado y perfectamente iluminado (no logro ubicar la fuente de luz, pero es una luz blanca suficiente y uniforme que baña todo confiriéndole un aire de modernidad y eficiencia). La gente que está ahí es informal y amistosa, parece un grupo de amigos, más que una organización empresarial. Nadie viste traje ni usa corbata.

Cuatro hombres aparte de mí nos dirigimos a uno de los cubículos y ahí nos dedicamos a arreglar algo, no es un mecanismo, sino más bien algo relacionado con la "conciencia". Un hombre musculoso de unos cuarenta años, con el pelo corto, lacio y café grisáceo, tez blanca, alto y sin bigote; hace las veces de jefe del grupo.
El problema es difícil, tratamos de estabilizar algo y no lo logramos más que un poquito cada vez y vuelta a empezar. Intercambiamos palabras imperiosas mientras trabajamos; el hombre alto dá órdenes con suaves frases cortas de vez en cuando; todos parecemos estar completamente concentrados y esforzándonos al máximo; es como si estuviéramos levantando un grande y pesado objeto entre todos y hablar nos reportara un verdadero esfuerzo adicional.

Pasado un tiempo, todos "soltamos" aquello y descansamos un poco. Dos de los hombres están realmente enfermos, se ven muy mal y parecen a punto de desplomarse.
Vamos camino a no sé donde, siguiendo al "jefe", cuando se me ocurre preguntarle:

-"¿Qué es lo que sucede? ¿Porqué se enfermaron?

Entonces el hombre aquel -que caminaba rápida y firmemente unos pasos delante- se detiene pensativo, como si súbitamente hubiera sido conciente de algo importante que había pasado por alto. Gira, me clava la mirada, y mientras se dirige hacía mí me dice:

-"No sé si algo anda mal contigo o con ellos, pero ahora mismo lo vamos a averiguar".

Antes que pueda reaccionar, da unos pasos en mi dirección, eleva un poquito sus manos desde los costados, contrae los dedos de ambas dejando solo estirados los índices de cada una. Y apuntando un poquito hacia mis pies se deja venir en un solo y elegante movimento. Siento claramente cómo sus dedos en forma de antena perforan mi cuerpo y se introducen a los lados de mi ombligo. La sensación es asombrosamente física, pero no completamente dolorosa. Es una especie de ardor y comenzón punzante y en cierto modo angustiante y casi insoportable. Los dedos de aquel hombre siguen ahí por unos segundos, mientras me vé directamente a los ojos. Tengo el rostro de aquel hombre "implacable, tranquilo y sin expresión", a unos centímetros del mío, pero no veo que respire. No tengo ningún sentimiento al respecto, no estoy ni molesto ni contento, ni nada por el estilo. Tengo una sensación de desapego, quizá de indiferencia, pero mezclada con curiosidad. A pesar de todo, decido que no quiero tener esos dedos dentro del cuerpo.

Mi cuerpo parece actuar por sí mismo. Ambas manos se levantan lentamente de mis costados, con el índice y el pulgar de cada mano a manera de pinza o tenaza, mientras los demás dedos están recogidos sobre las palmas.

Tomo los puños vueltos hacia abajo de aquel hombre, entre los dedos índice y pulgar de cada mano y comienzo a empujarlos hacia afuera. El procedimiento exige toda mi fuerza y no consigo mover nada de nada. Me parece estar empujando los brazos con pistones de una pala mecánica de treinta toneladas, sin embargo no cedo y empujo parejamente durante varios segundos hasta que cede. Sigo empujando hasta que aquellos dedos se encuentran totalmente fuera de mí.

Recuerdo la mirada divertida de aquel hombre cuando contrae los brazos a sus costados nuevamente, sin dejar de mirarme. Su boca se está curvando en una suave sonrisa y sus ojos brillan. Su apariencia toda no es amenazante, pero parece capaz de hacerme polvo si quisiera.

En ese momento recuerdo que no he comprobado si estoy proyectando todo o si acabo de tener una experiencia real.
No me da tiempo de efectuar ninguna comprobación, porque despierto en mi cama en el momento preciso en que el hombre gira dándome la espalda para reanudar su camino.

Después de que me levanto, mientras me baño me reviso el vientre para ver si noto algo extraño o si tengo algún malestar. No encuentro nada, no siento nada raro, no estoy preocupado y por el contrario, me siento muy bien y del mejor humor posible.

Debo desplazarme una considerable distancia para asistir al juego de soccer de fin de semana. El partido está programado para las 8:30 de la mañana y me toma aproximadamente una hora y media llegar desde donde me encuentro.

La bicicleta de montaña en la que voy se comporta de maravilla, el aire es limpio y fresco, la mañana clara y hermosa y estoy contento; parece que me inyectaron combustible de octanaje extra...

Cuando tomo una prolongada cuesta y la remonto sin mucho esfuerzo, me doy cuenta de que tengo más potencia de lo normal. Puedo sentirlo claramente porque todos los días efectúo ese recorrido y por lo común a la mitad de la subida ya estoy jadeando y transpirando un poco.

¿Es sugestión o algo ha cambiado? me pregunto mientras una ráfaga de aire me hace sonreir. Ahora me toca ir de bajada y me relajo para disfrutar del viaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario