Media vida es puro sueño
Los científicos de los Objetos demuestran que -soñando o no- nos pasamos media vida dormidos y media despiertos. Los científicos de la Energía afirman que vigilia o no vigilia, siempre estamos dormidos hasta que dejando de soñar despertamos. Sea como sea, en lo personal prefiero por el momento no meterme en discusiones y utilizar mis sueños como herramienta para aprender cosas y perfeccionar habilidades, y como un medio de actividades deliberadas para divertirme, y luego compartir. Bienvenidos.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Amiba Electro-Imantada
Parece que la casa de mis padres, donde pasé una parte sustancialde mi vida, es un sitio de poder para mí. Ahí me han pasado muchas cosas interesantes.
Ayer mismo fui de visita (mis padres ya murieron hace uno y dos años hoy, Octubre del 2012, y dos de mis hijos habitan la propiedad) y me dormí en una hamaca, que es la manera en que a menudo me gusta hacerlo.
Estaba cansado, así que solo entré en una oscuridad sin sueños y me "perdí". De pronto "desperté" enmedio de la noche y con los ojos cerrados sentí que tenía algo encima de las piernas, en un primer momento creí que era una colcha enrollada o algo así. Amodorrado busqué con las manos y me encontré que había algo pesado y ligeramente cálido como flotando encima de mi cuerpo físico, más o menos a la altura de mis rodillas y aproximadamente 30 centímetros por encima. Era como una amiba o algo así, de unos 60 centímetros de largo y unos diez de grueso... era como una bolsa alargada rellena de algo más o menos pesado... parecía que era una bolsa de material grueso e impermeable con un líquido denso y pesado dentro... la forma era inestable y cambiaba ligeramente de forma.
Tomé la cosa sin abrir los ojos y la traté de empujar hacia el suelo, lejos de mí. ¡Caramba! La cosa esa estaba viva... era como una amiba gigante. Al empujarla, una protuberancia se formó y se transformó en un tentáculo corto que se lanzó y se pegó a mi espinilla derecha. Sentí como una pequeña descarga eléctrica en el punto en que ese tentáculo tocó mi cuerpo... y cuando la empujé surgió rápidamente otro tentáculo que se pegó a mi pierna derecha por la parte de arriba. Al empujarla lejos de mí sentía una fuerza como imán que se desprendía de esa cosa y que medificultaba mucho alejarla de mí, y además, los dos tentáculos estaban como anclados en mi piel, y sentía físicamente -dolía incluso y chispeaba eléctricamente- el tirón cuando la empujaba.
Traté de evaluar la situación y serenarme. Palpé la cosa detenidamente con ambas manos... ¡Era TAN física la sensación! ¡Esa cosa era real, pero era como un animal muy básico, pero extremadamente eficiente en su labor de pegarse a mí!... Me daba cierta sensación de asco, pero muy ligera... aunque definitivamente no quería tener eso encima. Decidí que sin alterarme ni desesperarme, empujaría aquella amiba extraña lejos de mí.
Toda la noche estuve haciendo solo eso, tratando de deshacerme de aquella cosa sin poder lograrlo. Sinceramente creí que podría desprenderla, porque me acordé incluso de cómo me saqué la "manguerita", pero por más que lo intenté, con esta amiba electro-imantada hacia mí (al menos en esta ocasión), no pude.
Manguerita
Me sucedió algo curioso.
Me acosté en la hamaca alrededor de las diez de la noche, porque me sentía un poco cansado y somnoliento. No me dormí de golpe, sin embargo. El sueño se hizo esperar por algunos minutos. Mientras llegaba, aproveché para llamar al silencio "gritando" en mi mente "¡Silencio, Silencio, Silencio!", cada vez que ese "río caótico de voces múltiples" irrumpía como en oleadas dentro de la cabeza. ¿Cuánto tiempo había pasado?. El ensueño no llegaba, tampoco estaba despierto. Tenía los ojos cerrados, pero "sabía" que si lo deseaba podía abrirlos en cualquier momento. El cuerpo lo sentía "de una sola pieza y parejo de sensaciones" (es lo mejor que puedo explicarlo), pero no agarrotado ni incómodo, ni "burbujeante" de ninguna manera. Era como lo que estaba viendo: no percibía más que una oscuridad plana y homogénea. No recuerdo sonidos.
Estaba en una posición de esas que solo pueden tenerse en una hamaca cuando te vuelves a un lado y al otro torciendo las extremidades del cuerpo y tus manos levemente y en distintas direcciones. El brazo
izquierdo estaba pegado al costado y estirado hacia atrás de la espalda, el otro brazo estaba doblado con la mano descansado suelta sobre la cabeza.
En cuanto a sensaciones corporales, se sentía "ni bien ni mal", ni cómodo ni incómodo. Era un estado que podría calificarse como "suspendido" o "indiferente". No tenía pensamientos como los tengo en la vigilia, pero sí había "razonamientos", sin embargo, estos razonamientos "no me afectaban" como me afectan en la vigilia;
eran más bien algo lejano.
No había la sensación de fuerza, plenitud, osadía y felicidad que tengo en el ensueño, solo estaba "parejamente conciente" de todo dentro de mí y a mi alrededor.
En un momento determinado moví -sin habérmelo propuesto concientemente- un poco la mano derecha hacia la parte trasera de la cabeza y toqué con la punta de los dedos algo así como una "antena pequeña" "pegada" a la coronilla. La palpé sin mucho entusiasmo y pensé que, sin darme cuenta, me había acostado encima de algo. Me dio la impresión de que se trataba de un teléfono celular (móvil le dicen los ibéricos, creo) de esos
pequeñitos y que lo que tocaba era la pequeña antena fija cubierta de plástico.
Me sentía bien, no quería salirme de aquella sensación, así que decidí actuar lentamente, para no echar a perder lo que fuera que estaba sucediendo y lo que -pensé- podría venir después de eso. Así que tomé el objeto con tres dedos y comencé a tirar poco a poco de ella.
¡Sorpresa! No era un teléfono. Era algo así como una manguerita flexible de media pulgada que, sentí, al jalarla, estaba completamente dentro de mí.Seguí jalando y me di cuenta de que aquella manguerita tenía la misma
longitud que la altura de mi cuerpo (mido 1.72 m). Era "remota, lejanamente doloroso", como si estuviera anestesiado y me extrajeran quirúrgicamente una sonda metida en la carne. Lo curioso era que sentía que, al salir, la manguera pasaba entre la nariz y los ojos, pero decididamente también a lo largo y a través de la columna y las piernas hasta la punta de la cabeza.No me inmuté, sin embargo, dado que -no sé en realidad como- razoné que debía estar dormido y estaba distorsionando sensaciones comunes. Divertido en cierto modo, seguí jalando lenta y resueltamente de aquello hasta que terminó de salir por completo.
Luego me asaltaron pensamientos racionales. ¿Y si se trata de un animal?... quizá se me subió encima una culebrita, o quizá es una de las cuerdas con que está atada la hamaca. ¿Que será?. Entonces me dio
curiosidad por saber de qué se trataba "en realidad" aquello, así que me forcé a abrir los ojos para despejar el misterio. Desperté sin dificultad. Bueno, lo primero que me sorprendió fue la manera en que percibía el
entorno. Todo estaba marcadamente contrastado. La oscuridad era completa y tenía una cualidad intensa y sedosa (un negro negrísimo, como no recuerdo haber visto nunca antes en la vigilia, además de
colores muy intensos), las luces del reloj del estéreo y del conector múltiple brillaban exageradamente y como si fueran fluorescentes. Los perfiles de todas las cosas -a pesar de la intensa negrura reinante- se destacaban excesivamente nítidos.No quise prender la luz, no quería perder esa sensación de marcado contraste y sedosidad. No obstante, en la penumbra me di cuenta de que no había ningún objeto extraño por ahí, aparte de la hamaca, el piso pulido, mis sandalias y yo [El ideal que tengo de una casa habitable para es un entorno limpísimo, completamente iluminado con luz exterior a través de enormes ventanales, inmerso entre gigantescos árboles y vegetación, con texturas delicadas y ásperas en balance, con cero objetos en paredes, techos y pisos, y con los servicios completamente ocultos a la vista y al olfato].
"Lo que no mata, engorda", se me vino a la mente y volví a acomodarme en la hamaca para proseguir el sueño. No recuerdo en qué momento me dormí, solo pareció un instante, sin embargo, cuando abrí los ojos,
tenía dolor de estómago y tuve que ir de emergencia al sanitario. Las cosas seguían viéndose igual de intensas, con luz prendida o apagada. Me vi en el espejo, tenía los ojos completamente enrojecidos, pero -
contradictoriamente- me sentía muy bien. Revisé todo con la luz prendida, después la apagué. Volví a
acostarme, no sin antes observar unos minutos todo con la luz apagada nuevamente. La percepción excesivamente contrastada proseguía igual con luz o sin ella. ¿Estaría ensoñando? Realicé algunas comprobaciones y concluí que estaba en la vigilia. No supe el momento en que quedé dormido nuevamente -me da la impresión que no hubo transición entre vigilia y sueño. Cuando nuevamente abrí los ojos, ya había amanecido.
La percepción nítida y contrastada no había desaparecido, el cielo tenía hacia el este una tonalidad increíblemente naranja, prácticamente todo el cielo estaba teñido de un naranja fluorescente, anunciando la salida inminente del sol, pero este tardó aún una hora -minutos más, minutos menos- en asomarse sobre el horizonte. Seguía sintiéndome bien. De hecho estaba contento.
Ya era más del medio día y la percepción contrastada y nítida continuaba. La sensación de bienestar corporal y cierta "calidez sin calor" también persistía, incluso al siguiente día.
sábado, 6 de octubre de 2012
Parpadear dentro del sueño!
Abro los ojos y estoy acostado en la cama ¿Estoy
despierto en la vigilia? Algo me dice que puede ser, pero algo también me dice
que estoy soñando. Me siento ligero y de buen humor, así que decido arriesgar
sin comprobar.
Giro en la cama y me dejo caer hacia mi derecha, con
dirección al piso. Cuando en lugar de sentir el golpe comienzo a elevarme, me
doy cuenta cabal de que estoy dentro de un sueño. Vamos a ver si esto se ha
transformado en un sueñito "especial".
Levanto las manos para verlas y comienzo el truco de
mirar objetos y regresar a ellas. Son mis manos, pero las puntas de los dedos
estan como desvanecidas. "Este va a ser un sueño corto... está baja mi
atención de sueño", me digo.
De pronto voy caminando por una calle de tierra. Estoy
por iniciar un cambio de sueño, pero no me decido entre zambullirme en el piso
con un clavado, sentarme en alguna roca y dejar que me absorba, atravesar una
pared, visualizar algún sitio en especial o dejarme jalar por algún elemento
del entorno.
¿Y si llamo a un explorador para ir al mundo oscuro?
Siento que no tengo suficiente fuerza para esto. Sigo caminando mientras me
decido...
Mientras me desplazo voy señalando con el meñique
cosas al azar; todas son proyecciones mías. Me meto en un callejón y de pronto
una especie de "samurai" con una de esas filosísimas y hermosas
espadas tradicionales japonesas me ataca. ¡Carajo!, que cosas... ahora hasta
guerreros asiáticos en mis sueños... jajajaja... pero por lo menos es original, no esta
vestido como el clásico "ninja" de película, parece realmente un guerrero salido
de la antigüedad. :)
No tengo ningún sentimiento, solo un poco de risa y buen humor.
Decido llevar adelante el juego con el espadachin, sabiendo que es solo una
proyección carente de energía propia. Me lanza un tajo horizontal hacia el cuello por el
lado izquierdo y yo paro la espada con la mano, sosteniendo el filo contra mi
palma y con los dedos apretando los lados del arma. Luego lo hago a un lado, me
le quedo viendo fijametne y oscila y cambia a un señor gordo que parece no
saber de qué se trata todo eso. Después, simplemente dejo de prestarle atención
y sigo por el pasillo.
Casi a la salida de aquel callejón estrecho con muros
de cemento, decido practicar algo que me gusta hacer y que aprendí de Ant. Meto
mi mano izquierda en el muro y la saco por el filo de la esquina. Lo hago
varias veces, metiendo incluso parte del cuerpo y de la cara. La sensación es
especial y rara. Estoy pensando si me lanzo o no a otro sueño utilizando el
muro. Gente de todo tipo sigue pasando a mi lado y me observa con curiosidad.
No les hago caso, todas son proyecciones. Estoy atento por si observo a mi
alrededor una discrepancia o algo parecido.
Decido caminar y zambullirme en el piso de tierra que
hay fuera de aquel pasillo.
Salgo por la puerta y estoy a punto de lanzarme en un
clavado hacia abajo, cuando me doy cuenta de algo que siempre me ha llamado la
atención y que no se si a ustedes también les sucede. Mi percepción en el
ensueño es casi siempre acorde con la hora, así que todo luce oscuro y gris
plomizo, como suele percibirse de madrugada y como si estuviera dentro de un tanque lleno de agua. Mis "ojos" o lo que sea
que me sirve para mirar ahí dentro parecen dos rendijas.
Pongo atención en ello y me doy cuenta de que puedo
"abrirlos" un poco más, pero no mucho. Luego me abstraigo en la
"ventana" de mi percepción de sueño. Me doy cuenta de que puedo
percibir, puedo abarcar un poco más con el lado derecho que con el izquierdo.
Luego siento claramente que el ver del sueño es al revés del ver de la
vigilia; es decir, que mi "ojo" izquierdo del sueño es mi ojo
derecho de la vigilia; pero esa sensación dura poco.
Se me ocurre intentar abrir más los ojos para abarcar
más área visual, pero en lugar de "abrirlos", "parpadeo"
rápidamente. ¡Sorpresa!
Al parpadear los objetos del sueño se
"solidifican", se hacen "excesivamente reales". Así que
sigo caminando y ejercitando mi descubrimiento. Observo un objeto y parpadeo,
entonces el objeto se clarifica en un porcentaje muy alto.
Descubro con alegría que parpadeando, además de
adquirir más cohesión, el sueño se
alarga.
Otra cosa que descubro es que si parpadeo demasiado,
si me "paso", entro en una especie de "vacío" perceptual.
Entro en un sitio "blanco" [es un símil muy alejado de lo que pasa,
pero no tengo una frase mejor] en el que no hay nada más que mi conciencia un
poco desvanecida. La primera vez que ocurrió pensé que se había acabado el
ensueño y me estaba disponiendo a despertar. Pero lo que sucedió fue que entré
de nueva cuenta al sueño. Si uno no administra sus parpadeos, si parpadea en
exceso, se produce un "fade out"; una especie de gradual y rápido
desvanecimiento de la percepción hacia una pantalla "blanca" en el
que se deja de percibir casi completamente, y después de un momento no muy
largo se invierte en un "fade in" hacia el mismo tema del ensueño o
uno similar.
Parpadear dentro del sueño produce cohesión; en términos toltecas: facilita la fijación del punto de encaje a cualquier sitio al que se
halla movido. El tamaño de la ventana de la percepción del sueño
puede ser modificada. La "ventana" de la percepción del sueño parece actuar
de manera inversa a la "ventana" de la percepción de la vigilia, pero esto es
solo una sensación de la que no estoy seguro.
La Cueva
Acabo de subir por una cuesta empinadísima con una carga de 50 kg (un bulto de cemento gris) sobre la espalda. Estoy agotado, he
estado acarreando toda la mañana sacos de arena y grava y ahora son -calculo
por la altura del sol- cerca de las doce del día. Es verano, el sol cae a plomo
y no hay absolutamente nada en donde guarecerce. Todo alrededor es tierra y
manchones bajos de hierba rastrera. La botella de plástico de dos litros con
agua para beber se ha agotado y tengo que bajar caminando una distancia de cien
metros para volverla a llenar.
Lo único en pie cerca
de mí son algunas varillas y un trozo de muro de tabique cubierto con cemento
rústico de unos tres metros de largo por dos de alto que casi no produce
sombra. Quiero tomarme un respiro, estoy casi a punto de caer al suelo de
cansancio.
Tomo una lata de
acarrear mezcla, le doy vuelta, giro la visera de mi gorra hacia atrás y me
monto en la lata, junto al muro, con el rostro vuelto hacia él, un poco
agachado para evitar el sol en el rostro. La visera me cubre el cuello de los
rayos, pero siento lo caliente sobre la espalda.
El sudor corre
profusamente por todo mi cuerpo, baña mi rostro, penetra en mis ojos y los hace
arder. Recargo la frente sobre el muro.
Estoy en lo más alto
de una colina arrasada por excavaciones para construcción. Después de unos
minutos, una ligera -y para mí deliciosa- brisa comienza a soplar desde el
noreste. A todo mi alrededor hay montañas azules y verdeoscuro que tapizan el
horizonte hasta perderse en la lejanía. Las montañas dan la ilusión de que son
más bajas que aquel cerrito en que me encuentro. Pasando un rato, el sudor
comienza a ceder, mis ojos casi ya no arden, pero los mantengo cerrados y trato
de recuperarme respirando pausadamente y llamando al silencio. En la pantalla
oscura de mis ojos cerrados estallan luces multicolores de cegador brillo que
parecen sincronizadas con el latir acelerado del corazón y el fluir de la
sangre.
Abro un poco los ojos
y veo mi sombra proyectada sobre el piso de tierra y sobre la pared borrosa y
rústica de cemento gris. El reflejo del sol a los lados de mi rostro sigue
siendo fuerte; mantengo la frente pegada a la pared para hacerme sombra y sigo
con los ojos abiertos por un rato. No me doy cuenta de que de pronto se lleva a
cabo "un salto perceptivo" y una pérdida de la continuidad, me he
"perdido unos segundos de conciencia" y no me había dado cuenta hasta
que vuelvo en mí. Eso no es raro, todos lo hemos experimentado alguna vez.
Pero algo que no es
normal está sucediendo ahora mismo...
La visión de la
textura rústica de cemento gris -antes fuera de foco ante mis ojos abiertos- se
aclara de pronto, se hace nítida, entra en foco, y lo que veo me hace saltar
hacia atrás de la impresión y el susto.
Ante mis ojos aparece
un mundo tridimensional, enorme, gris. Es profundo y amplio y está formado por
innumerables detalles y texturas, una enorme cueva completamente vacía. Es como
si me hubiera encogido hasta ser una bacteria y estuviera parado encima de la
pared. No es como si tuviera una visión, es ¡como si estuviera dentro de ella!.
La incongruencia y lo
inesperado del fenómeno que se despliega ante mi vista me provocan tal susto
que salto hacia atrás y caigo de espaldas al suelo caliente con todo y lata. El
sol pega de lleno en mi rostro y me deslumbra; así que cuando me recupero
-muerto de la risa- lo único que puedo ver son estallidos de grandes y variadas
manchas de colores intensos con el panorama habitual como fondo.
Fue fantástico, me
digo a mí mismo lleno de júbilo... ¡Voy a hacerlo de nuevo!
Pero por más que
trato de repetir la experiencia no puedo lograrlo de ninguna manera.
Cuando desisto, me
doy cuenta de que la fatiga extrema ha desaparecido.
Estoy cansado, pero
no exhausto. Dejo todo y bajo a recostarme un buen rato bajo la sombra de los
altos y frondosos “amigos verdes” llenos de hojas y bichitos, cien metros hacia
abajo por la cuesta empinada.
Mundo Azul
Durante mucho tiempo me esforcé por efectuar un acto
voluntario durante el sueño; ver mis manos, como leí que aconsejaba don Juan
Matus a Castaneda en sus enseñanzas sobre "la manera de arreglar los
sueños".
Fracasé no sé cuantas veces hasta que después de casi un año lo logré de
repente a mitad de un sueño de lo más normal cuyo contendio no recuerdo ahora.
De pronto, y sin que mediara ningún hecho perceptible, recordé mi intención,
levanté las manos a la altura de mi rostro y las ví.
El hecho de lograrlo después de tantos intentos
fallidos me causó una alegría inmensa y bascular entre ellas y los objetos de mis sueños efectivamente me permitió un cierto
"control" de los actos y desplazamientos dentro de los parajes o
escenas que aparecían ante mí o en las que me veía inmerso.
Esa primera noche tuve mi primer sueñito muy parecido a lo que los toltecas recomiendan... así que me encontré de pronto en un sitio hermoso en
una planicie soleada que parecía de otro tiempo y en la que las personas
llevaban atuendos extraños y el pelo largo. Lo único que hice fue sostener la
visión lo más que pude desplazando mi vista de las manos a cuanto objeto tenía
a mi alcance, incluyendo personas que hacían su vida cotidiana aquí y allá y
que paerecían no reparar en mi presencia. Mi cuerpo estaba totalmente tieso, como una escultura, y lo único que podía mover eran mis ojos y mis manos. Parecía realmente una especie de escultura de piedra con las manos levantadas y los ojos móviles.
Una noche, muchos meses después de esa primera y
memorable noche, mientras experimentaba
una de mis ya familiares "salidas
del cuerpo", sentí una perturbación peculiar, seguida de una sacudida y
sentí que caía (mientras flotaba, sentía claramente mi cuerpo, incluso sentía
su forma y posición: boca abajo, con el rostro vuelto hacia la izquierda, el
brazo derecho doblado bajo la cara y el izquierdo pegado al costado).
Recordaba perfectamente que me había acostado muy
cerca de la orilla izquierda de la cama. Por un momento pensé -y me pareció
cómico- que me estaba cayendo hacia el piso, así que lo que iba a conseguir no
era precisamente algo extraordinario, sino un muy común y nada gratificante
madrazo en el duro piso de cemento.
Esperé recibir el golpe resignado y con una ligera
sonrisa; pero seguí cayendo lentamente y el golpe no llegaba.
Giré hasta quedar de costado, "abrí los
ojos" y entonces me di cuenta de que estaba flotando cerca del techo de
lámina de asbesto. Giré nuevamente (el control de aquel cuerpo lo ejercía
utilizando la "masa" de la cabeza como una especie de timón) hasta
quedar con el rostro hacia el piso y me topé con una escena que de momento me
pareció extraña y ajena a mi persona: sobre una cama en cierto desórden había
una persona boca abajo, dormida profundamente, como muerta.
Sentí cierta repulsión hacia ese cuerpo tosco, tumbado
pesadamente sobre aquella cama desordenada; me parecía estar observando un gran
montón de mierda. Traté de "aclarar" más mi visión, después de un
momento, caí en la cuenta de que había un cierto halo negro muy tenue
envolviéndolo. Luego cai en la cuenta de que ese cuerpo desagradable era yo
mismo. En ese momento no quería volver a meterme en aquella cosa pesada y "fea".
Como no me gustaba para nada ese espectaculo, giré
rápidamente hacia arriba y hacia la izquierda y salí disparado a gran velocidad
hacia una esquina del techo de la casa (la esquina que da hacia el oeste).
Atravesé sin problemas la pared y salí, felíz y ligero, hacia la noche
hermosísima y poderosa. Perdí poco a
poco el impulso, me deje flotar hacia arriba mientras disfrutaba del
espectáculo. La noche era algo impresionante de verdad y el ambiente cristalino
y silencioso. Me sentía extraordinariamente felíz y fuerte.
Hice un movimiento para evitar seguir elevándome y me
lancé hacia el noroeste, hacia los cerros más altos, pero el impulso fue
demasiado fuerte y me llevó mucho más allá de mi objetivo y volé durante un
período de tiempo del que no tengo idea cuánto haya durado.
Cuando paré finalmente, estaba ante un espectáculo
maravilloso. Frente a mí se extendían a uno y otro lado las montañas más
hermosas que jamás había contemplado nunca (me recordó a las de Perú que había
visto en fotografías unos años atrás).
Las estrellas parecían muy cercanas y el aire se veía
limpísimo. Era como de madrugada y no encontré por ningún lado alguna luz
artificial u otra manifestación de vida más que el oscuro follaje lejano.
Era noche cerrada, sin luna, pero el paisaje se veía
como si hubiera una gran luna llena.
Cerca había unas colinas cubiertas de pasto y arbustos
bajos, tapizadas de tumbas sin ornamentos. Lo chistoso es que no sé cómo llegué
a la conclusión de que eran tumbas, porque de hecho no tenían nada que las identificara
como tales.
Todas aquellas "tumbas" parecían estar
pintadas de azul; todo el paisaje era una rica paleta de cientos de matices que
iban del azul al verde, mezclados con negro en con distintas intensidades.
Me hice sólido gradualmente, utilizando el recurso de
bascular entre mis manos y el entorno. Cuando me sentí parado enmedio de aquel
sitio, me di cuenta de que si aquello era un cementerio, lo era de un modo muy
curioso; no parecía de este mundo: no tenía cruces ni lápidas; eran solo
construcciones más o menos geométricas bajas de formas más o menos diversas,
pero que parecían estar hechas de piedra maciza y pesada.
Así como me llegó la certeza de que aquello era un
cementerio, así me llegó la certeza de que me encontraba en un tiempo mucho muy
lejano al actual. Junto con ello me llegó también la certeza de que yo estaba
sepultado ahí. Era muy curioso.
Traté entonces de ubicarme observando los puntos
sobresalientes del paraje y las constelaciones. Parecía que estaba observando
las estrellas desde otro mundo, porque no podía ubicar nada conocido y eran
demasiadas; los picos de las montañas estaban sumidos en azules y verdes
mezclados con negro profundo.
Entonces comencé a caminar entre las pequeñas
construcciones, buscando alguna inscripción que me aclarara el asunto, pero por
más que me esforcé no pude distinguir ninguna marca ni texto, ni dibujo de
ningún tipo.
Me llegó otra sensación que detuvo mis indagaciones.
Yo estaba muerto y enterrado ahí; me había muerto mientras dormía hacía
millones de años. Todo lo que había creido vivir no había sido más que ilusión;
el sueño de un muerto, el sueño de un espíritu que por fin volvía al sitio de
donde salió.
Así que de eso se trata, pensé, se acabó todo. Que
raro es el mundo.
Me sentí un poco triste porque pensé que ya no iba a
despertar nunca más en mi cama, que nunca jamás vería a aquellos que yo
consideraba mi familia y que no eran más que sueños de quien sabe qué espíritu
igual al mío que quizá también estuviese enterrado en ese o en quien sabe
cuántos sitios más en el Universo.
¿Y ahora que sigue?, me pregunté, mientras sentía una
creciente presión sobre el cuerpo.
Un jalón fenomenal me sacó de aquel lugar, provocando
que todo alrededor se hiciera borroso y difuso; una oscuridad pareció
envolverme por unos segundos y luego estaba despierto sobre mi cama, boca
arriba.
Esta experiencia me dejó muy inquieto y pensativo.
Estuve mucho rato dándole vueltas al sueñito y solo después de mucho batallar
pude al fin volver a conciliar el sueño.
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Cabe mencionar que se me olvidó completamente cuando
amaneció y me levanté para efectuar mi rutina diaria en la vigilia. Lo recordé
por la tarde, cuando ví en una revista de fotografías que acababa de comprar, una foto posterizada de una mujer en tonos de azul y con los labios y los
párpados fosforescentes.
Dos Dedos
Llego a un "sitio de trabajo". He llegado
caminando.
Es una construcción baja con muchos espacios limpios y
bien acondicionados como oficinas, pasillos, cubículos y salas de reunión. Se
trata de un gran complejo amueblado y perfectamente iluminado (no logro ubicar
la fuente de luz, pero es una luz blanca suficiente y uniforme que baña todo
confiriéndole un aire de modernidad y eficiencia). La gente que está ahí es informal y amistosa, parece
un grupo de amigos, más que una organización empresarial. Nadie viste traje ni
usa corbata.
Cuatro hombres aparte de mí nos dirigimos a uno de los
cubículos y ahí nos dedicamos a arreglar algo, no es un mecanismo, sino más
bien algo relacionado con la "conciencia". Un hombre musculoso de
unos cuarenta años, con el pelo corto, lacio y café grisáceo, tez blanca, alto
y sin bigote; hace las veces de jefe del grupo.
El problema es difícil, tratamos de estabilizar algo y
no lo logramos más que un poquito cada vez y vuelta a empezar. Intercambiamos
palabras imperiosas mientras trabajamos; el hombre alto dá órdenes con suaves
frases cortas de vez en cuando; todos parecemos estar completamente
concentrados y esforzándonos al máximo; es como si estuviéramos levantando un
grande y pesado objeto entre todos y hablar nos reportara un verdadero esfuerzo
adicional.
Pasado un tiempo, todos "soltamos" aquello y
descansamos un poco. Dos de los hombres están realmente enfermos, se ven muy
mal y parecen a punto de desplomarse.
Vamos camino a no sé donde, siguiendo al
"jefe", cuando se me ocurre preguntarle:
-"¿Qué es lo que sucede? ¿Porqué se
enfermaron?
Entonces el hombre aquel -que caminaba rápida y
firmemente unos pasos delante- se detiene pensativo, como si súbitamente
hubiera sido conciente de algo importante que había pasado por alto. Gira, me
clava la mirada, y mientras se dirige hacía mí me dice:
-"No sé si algo anda mal contigo o con ellos, pero ahora
mismo lo vamos a averiguar".
Antes que pueda reaccionar, da unos pasos en mi
dirección, eleva un poquito sus manos desde los costados, contrae los dedos de
ambas dejando solo estirados los índices de cada una. Y apuntando un poquito hacia mis pies se deja venir en
un solo y elegante movimento. Siento claramente cómo sus dedos en forma de
antena perforan mi cuerpo y se introducen a los lados de mi ombligo. La sensación es asombrosamente física, pero no
completamente dolorosa. Es una especie de ardor y comenzón punzante y en cierto
modo angustiante y casi insoportable. Los dedos de aquel hombre siguen ahí por unos
segundos, mientras me vé directamente a los ojos. Tengo el rostro de aquel
hombre "implacable, tranquilo y sin expresión", a unos centímetros
del mío, pero no veo que respire. No tengo ningún sentimiento al respecto, no estoy ni
molesto ni contento, ni nada por el estilo. Tengo una sensación de desapego,
quizá de indiferencia, pero mezclada con curiosidad. A pesar de todo, decido
que no quiero tener esos dedos dentro del cuerpo.
Mi cuerpo parece actuar por sí mismo. Ambas manos se
levantan lentamente de mis costados, con el índice y el pulgar de cada mano a
manera de pinza o tenaza, mientras los demás dedos están recogidos sobre las
palmas.
Tomo los puños vueltos hacia abajo de aquel hombre,
entre los dedos índice y pulgar de cada mano y comienzo a empujarlos hacia
afuera. El procedimiento exige toda mi fuerza y no consigo mover nada de nada.
Me parece estar empujando los brazos con pistones de una pala mecánica de
treinta toneladas, sin embargo no cedo y empujo parejamente durante varios
segundos hasta que cede. Sigo empujando hasta que aquellos dedos se encuentran
totalmente fuera de mí.
Recuerdo la mirada divertida de aquel hombre cuando
contrae los brazos a sus costados nuevamente, sin dejar de mirarme. Su boca se
está curvando en una suave sonrisa y sus ojos brillan. Su apariencia toda no es
amenazante, pero parece capaz de hacerme polvo si quisiera.
En ese momento recuerdo que no he comprobado si estoy
proyectando todo o si acabo de tener una experiencia real.
No me da tiempo de efectuar ninguna comprobación,
porque despierto en mi cama en el momento preciso en que el hombre gira dándome
la espalda para reanudar su camino.
Después de que me levanto, mientras me baño me reviso
el vientre para ver si noto algo extraño o si tengo algún malestar. No encuentro nada, no siento nada raro, no estoy
preocupado y por el contrario, me siento muy bien y del mejor humor posible.
Debo desplazarme una considerable distancia para
asistir al juego de soccer de fin de semana. El partido está programado para
las 8:30 de la mañana y me toma aproximadamente una hora y media llegar desde
donde me encuentro.
La bicicleta de montaña en la que voy se comporta de
maravilla, el aire es limpio y fresco, la mañana clara y hermosa y estoy contento; parece que me inyectaron combustible de octanaje extra...
Cuando tomo una prolongada cuesta y la remonto sin
mucho esfuerzo, me doy cuenta de que tengo más potencia de lo normal. Puedo
sentirlo claramente porque todos los días efectúo ese recorrido y por lo común
a la mitad de la subida ya estoy jadeando y transpirando un poco.
¿Es sugestión o algo ha cambiado? me pregunto mientras
una ráfaga de aire me hace sonreir. Ahora me toca ir de bajada y me relajo para
disfrutar del viaje.
Sueño Anidado en Otro
Es de
madrugada, todo está quieto y vacío; todo en penumbras. Estoy a un lado de una
estructura elevada, en la puerta de la casa de mis padres.
Por un
momento me siento desorientado, pero luego me viene a la mente la idea de que
tal vez esté dentro de un sueño especial. Recuerdo las instrucciones que el nagual Juan Matus le dio a su pupilo Carllos; evanto las manos y las veo por un
lado y por otro, luego veo objetos y regreso a ellas. Estoy dentro de un
ensueño y la rutina de bascular entre manos y objetos no modifica nada; me dispongo a ejecutar algunos experimentos, así que
pongo manos a la obra.
Para
empezar, me elevo con un salto hasta el techo de aquella estructura y luego
bajo e inspecciono todo minuciosamente; trato de fijarme en detalles pequeños y
ocultos, para tratar -aunque conozco de sobra la inutilidad de ello- de
encontrarlos luego en la vigilia. Cuando termino la revisión del sitio vuelvo a
elevarme hasta el techo de un salto.
El
panorama es imponente y puedo orientarme y reconocer algunas cosas en la
distancia. De pronto advierto que afuera de la casa, en la ancha entrada
cubierta de cemento, hay dos niños pequeños y descalzos que yo conozco en la
vigilia. Parecen un poco desorientados también. Los señalo con el meñique y
fosforecen con una luz dorada.
Los llamo
por sus nombres y les digo que suban a donde estoy. Ellos afirman con la cabeza
y, de pronto, sin transición alguna, se encuentran a mi lado, sonrientes y
viendome a la cara.
Les digo
algunas cosas acerca de el ensueño y de cómo podemos aprovecharlo para hacernos
mejores personas y para adquirir y perfeccionar habilidades. Ellos escuchan
todo cuanto digo sin decir nada y sin poner mucha atención, como si ya supieran
todo eso.
No sé por qué entonces
les hablo de las "posiciones gemelas" (acostarse a dormir dentro del sueño del modo en que uno se durmió en la vigilia) y eso sí parece ser novedad para ellos,
porque escuchan con total concentración. Decidimos hacer una prueba de
inmediato.
Nos
acostamos los tres boca arriba con la cabeza hacia el noroeste, la niña a la
izquierda, el niño al centro y un servidor a la derecha. El sitio no es muy
grande y apenas cabemos los tres en él, siento a la niña pegada a mi hombro
izquierdo. Se siente tan real, me digo mientras me relajo.
Cierro
los ojos y les digo que se duerman y traten de despertar nuevamente ahí mismo.
Les hago hincapié en que deberán dormirse y despertar de nuevo ahí mismo, para
que podamos seguir juntos.
Cuando me
estoy quedando dormido siento que el niño se mueve como sacudido
sorpresivamente. Abro los ojos y veo por encima del cuerpo del niño cómo la
niña está cayendo hacia abajo por el lado izquierdo de aquella superficie
rectangular. MI cuerpo reacciona por sí mismo; mi abrazo derecho sale disparado
y atrapa a la niña por el tobillo de su pie izquierdo, evitando que termine de
caer hacia el piso. El niño abre los ojos sorprendido, pero no se levanta.
Cuando la
subo nos cuenta una historia que no comprendo bien; de su relato sólo recuerdo
la frase "me jaló así una cosa que tiene manos", el gesto de jalar
que imita con ambos brazos y los dedos en garra. Los tres estamos parados y
escudriñamos los alrededores sin encontrar nada; lo hacemos volando y dando
grandes saltos, tomados de las manos.
Entonces
le digo a la niña que no hay problema, que no tema, que ahora la vamos a cuidar
los dos acostándola enmedio de nosotros.
Nos volvemos a acostar otra vez boca
arriba, ahora con la niña enmedio.
De pronto hay un vacío, supongo que me
quedo dormido totalmente.
Abro los ojos, y me encuentro en mi
hamaca, en la vigilia.
No me agrada el haber
"fallado" en el experimento, así que cierro los ojos nuevamente, con
el sitio del ensueño en mente. Me duermo.
Abro los ojos y me doy cuenta de que ha
resultado; estoy nuevamente a un lado de los niños. Los dos parecen dormir
profunda y plácidamente. Les hablo con suavidad mientras los muevo un poco con
las manos. Abren los ojos poco a poco y después se levantan.
Les digo que ahora las cosas son tan
reales que podrían hacerse daño si no son cuidadosos. Les pregunto si les
gustaría jugar a volar por encima de las
casas y los cerros cercanos.
Como ellos responden afirmativamente,
nos tomamos de las manos y nos dejamos caer desde lo alto, luego nos elevamos
rápidamente hasta las alturas y nos soltamos.
Sólo recuerdo que volamos y volamos
incansablemente por todos lados reconociendo casas y objetos familiares; la
sensación de felicidad absoluta, el enorme poder de la madrugada y el alto
techo de nubes sobre los hermosos y vivos cerros oscuros que rodean la bahía.
Niños Luciérnaga
De pronto estoy flotando y soy muy felíz.
Tengo unas inmensas ganas de hacer cabriolas y figuras en el aire.
Los deseos de moverme y la risa que sacude todo mi cuerpo son
intensos y me empujan a gran velocidad por entre la vegetación
circundante (me encuentro en los alrededores de la casa en que vivìa
entonces).
Me detengo frente a un enorme y frondoso árbol. Es de noche, todo es
hermoso y fascinante. De improviso me doy cuenta de que hay un
enjambre de "luciérnagas" desplazandose entre el follaje.
Me lanzo sobre aquellas lucecitas con la intenciòn de "atraparlas" o
perseguirlas, pero al llegar me doy cuenta de que no son
luciérnagas, sino otra cosa. Son varias, parecen niños pequeños,
luminosos sin rasgos definidos. Son terriblemente alegres y
traviesos. No hablan, ni producen sonidos; producen emociones. Me
uno a ellos (de hecho, siento que de algun modo "me jalan" con
ellos cuando se mueven) sin darme cuenta cómo.
Juntos hacemos cabriolas y figuras por entre las ramas, en la
semioscuridad de la noche (es como madrugada) por un tiempo que
parece una eternidad.
No tengo palabras para expresar las sensaciones que experimento,
sòlo puedo decir que son exquisitas. Terriblemente hermosas y
divertidas.
Me pasa por la mente la idea de ya no despertar a la vigilia, de
quedarme con ellos para siempre.
Jugamos de mil maneras, hasta que pierdo la noción del tiempo y me
hundo en algo que no se que es. Luego no sè ya quien o què soy, por
un espacio largo y lento. Me pierdo.
Despierto en mi cama. Esta amaneciendo, es hora de pararse para ir a
la escuela
Palabras en el Cielo
Estoy en una de las
habitaciones de una casa de un piso, con tres mujeres, dos jóvenes musculosos
que parecen gemelos y que se mueven como trapecistas de circo [?], vestidos
como los antiguos indios de Estados Unidos. Una joven cuyos razgos no recuerdo
muy bien, un hombre mayor y dos mujeres de unos cuarenta y tantos años; una
blanca de pelo corto y otra trigueña de pelo largo y quebrado. Al viejo y a uno
de los indios los he visto antes unas tres o cuatro veces dentro del sueño.
La mujer blanca está
junto conmigo y me habla cariñosamente con palabras cortas y suaves, yo masajeo
sus pies, sus tobilos, sus rodillas, sus piernas, y toco algunos puntos de su
cuerpo con la punta de los dedos, pero, extrañamente, no hay ni el más mínimo
componente sexual en esa actividad; es más bien un acto de afecto mezclado con
juego. Ella me observa atentamente y reacciona con gestos exagerados de asombro
o risa a algunas cosas que yo hago. Parece divertida; es como si yo fuera su
perrito y ella observara mis travesuras de mascota consentida.
En un momento
determinado me dice "ven conmigo", y yo la sigo hasta la puerta de
entrada, donde hay unos escalones que conducen hacia el patio; esa habitación
está en penumbras y el piso parece estar abajo del nivel del suelo en el
exterior. Cuando estamos afuera me señala con la mano hacia el cielo y veo que
sobre el fondo azulado aparecen y desaparecen palabras, como si un gigante
invisible las escribiera con una especie de niebla blanca.
La mujer me dice:
"ve por ella", yo afirmo con la cabeza y de pronto me encuentro en un
lugar completamente distinto. Otro mundo.
Estoy en una gran
planicie rectangular levemente inclinada en uno de sus lados. Es grande,
completamente lisa, más lisa que el cemento pulido. Es como si fuera una enorme
pieza de loseta para piso color gris claro. La pendiente es muy suave, casi no se
ve, pero se percibe como una sensación-certeza.
En donde termina el
piso, hay una especie de pared que desciende abruptamente hacia un abismo cuyo
fondo no puede apreciarse, debido a que toda aquella pared que va hacia la
profundidad está cubierta completamente de árboles y vegetación densa.
Es de madrugada. Todo
está oscuro, aparentemente no hay ninguna fuente de luz. En el cielo azul
oscuro se aprecian girones de nubes dispersas. Estas nubes tienen una
configuración extraña, son circulares. Parecen esos anillos que suelen crear
con la boca los fumadores al hacer pasar el humo del cigarro por la boca
entreabierta, con la diferencia que estas nubes con forma anillos no se
desvanecen, solo se mueven todas lentamente en una misma dirección.
Aparte de las nubes,
hay otras cosas que tienen forma circular, pero no recuerdo ahora qué son exactamente o dónde estaban o qué aspecto
tenían en ese momento [?].
Me preguntaba si todo
aquello tenía algún significado, pero no pude hallarle otro más que la
sensación de estar en otro mundo.
En esa planicie
completamente desprovista de objetos encontré a una mujer que en lugar de
hablar, escribía en el aire pensamientos con letra azul.
Leo lo que dice: son
cosas triviales y conceptos simples. Me recuerda a esas cartitas que escriben
los niños y adolescentes cuando comienzan a "jugar a los novios". Sin
embargo, ella parece profundamente conmovida. Me dá la impresión de
que lleva mucho tiempo ahí sola.
En un momento
determinado me invade una sensación de afecto por aquella mujer desconocida y
decido llevármela conmigo. La tomo de la mano izquierda con mi mano derecha y
comenzamos a caminar con dirección hacia los árboles.
Ella sigue
escribiendo en el aire palabras sueltas mientras sonríe. Yo le digo: "aquí
está muy oscuro, voy a llevarte hacia la luz". Quiero lanzarme al abismo
con ella y salir volando de ahí juntos.
Cuando llegamos casi
al borde del abismo arbolado, la mujer parece darse cuenta de mi intención, se
para en seco y se resiste a avanzar, parece asustada con la perspectiva de
lanzarse a aquella profundidad. Deja de escribir en el aire y yo trato de
obligarla con suavidad a seguir caminando.
De pronto la mujer se
eleva en el aire, da un giro extraño y cae hacia un canal abierto en el piso,
hacia nuestra derecha. Ese canal había pasado desapercibido para mí mientras
caminábamos, pero ahora lo puedo ver con toda claridad.
El movimiento que
ella efectuó tuerce mi brazo, me obliga a soltarla y me tira al piso, de manera
que quedo acostado de espaldas. Ahora la mujer está metida dentro de aquel
canal y veo que hay otras personas también ahí, todas muy jóvenes. Son cuatro,
un hombre y tres mujeres más. Parecen agitados.
Sigo de espaldas
contra el piso, con la cabeza colgando en el borde del canal y mi mano
izquierda colgando en el aire.
Le digo algo que sale
de mi garganta "por sí mismo", sin mi aparente consentimiento:
- "Llevas
viviendo mucho tiempo en esta oscuridad, ya eres una criatura de la noche
¿Temes a la luz?. No temas, confía en mí; sólo voy a llevarte conmigo.
Como respuesta, casi
al terminar de hablar, sus dos manos se convierten en afiladas garras y lanzan
dos zarpazos, uno hacia mi cabeza y el otro hacia mi pecho. Sus golpes los
siento como "masas densas de aire" [?] atravesándome. Sé que no puede
hacerme daño. Me siento sereno, seguro, relajado y muy poderoso.
Al terminar su
agresión se retrae temerosa y entonces, nuevamente, mi garganta habla "sin
mi consentimiento". Me escucho decir:
-"No te gastes,
no puedo dañarte y tú no puedes dañarme". ¿No quieres liberarte?.
De pronto algo se
apodera de mí; una ola recorre mi cuerpo, algo que siento como un
"cuchillo acerado" [?]. Mi garganta emite un sonido fuerte, extraño,
aterrorizante, sordo, inhumano; que me sobresalta en alguna parte de mí mismo.
Mi cuerpo parece actuar separadamente de mi mente. Al mismo tiempo que emito
ese rugido terrorífico, mi mano izquierda sale disparada y aferra a la mujer
por el cuello. Ahora mi cuerpo gira y quedo con el pecho hacia el piso. Con la
mano derecha tomo el brazo izquierdo de la mujer y luego suelto su cuello y
agarro su brazo derecho con la izquierda; parezco tener una enorme fuerza. Todo
este evento sucedió muy rápidamente y sin que intervinieran pensamientos de
ningún tipo; como si yo fuera un títere que se observa a sí mismo "desde
adentro" [?].
La mujer está
visiblemente aterrorizada y entonces los cuatro jóvenes efectúan un movimiento
que me parece coordinado, rápido, eficiente y elegante; el hombre la abraza por
atrás, una joven lo abraza a él también por la espalda y las otras dos abrazan
a la mujer por sus dos costados. Todos parecen asustados y enfocados en mí.
Me doy cuenta de que
estoy apretando excesivamente las muñecas de aquella mujer y aflojo la fuerza.
Pongo las manos en forma de anillo para permitir que la mujer no sufra, pero
sin dejar que se me escape. Mis manos funcionan ahora como esposas policiacas.
Les hablo con
suavidad. Les digo que no tienen nada que temer, que no pretendo hacerles daño;
que solo quiero llevar a la mujer "hacia la luz".
Pasa un tiempo más o
menos largo, en el que ellos y yo parecemos esperar cada uno el siguiente
movimiento del otro.
Sé que no podré mover
a ese grupo mientras estén así entrelazados. Es evidente que la mujer no desea
salir de ahí y sus compañeros no quieren que me la lleve.
Decido irme de ahí
cuanto antes. No tiene caso insistir en llevarme nada de ahí.
Me enfoco en mi cama
y, un poco antes de despertar, suelto a la mujer y a sus amigos.
Una vez despierto me siento confuso, no se si me he despertado del todo o no. Me pregunto qué
habría sucedido si esto tuviera algo de real; me pregunto que habría sucedido de no haberla soltado ¿Qué habría hecho con ella? Menudo
problema en que me habría metido. En realidad no habría sabido conducirla a
ningún lado…
Medusas Rosas
Camino por una calle que no conozco, me acompaña una
mujer de mediana estatura. La mujer lleva unos niños, pero no logro enfocarme
en ellos, no puedo saber si son uno, dos o tres; no se si son niñas o niños.
Caminamos con rumbo al sur, el sol se está ocultando
por nuestra derecha, hacia el oeste. Grandes y altos nubarrones ocultan el
borde de las montañas lejanas y parte de aquel sol que agoniza. Algunas sombras
se mueven sobre las nubes.
Ahí están, son grandes objetos como sombreros oscuros
que vuelan como moscardones entre el sol y las nubes. Sus formas se proyectan
sobre las nubes de tanto en tanto, pero nadie parece advertirlo.
Llamo la atención a la mujer para que los vea también,
pero parece tener dificultades. Finalmente los ve y se emociona mucho. Pasan
algunas cosas más después de eso, pero recuerdo nada de nada.
Cuando vuelvo a estar consciente de mí, voy caminando
hacia el noreste [no me pregunten cómo sé que es el noreste y no otra dirección
o ninguna], por otra calle también desconocida. Levanto las manos a la altura
del rostro para fijar el ambiente. Enfoco mis manos y luego otros objetos que
hay por ahí. La calle no está pavimentada, recuerdo el polvo y las pequeñas
rocas en las que voy anclando la mirada mientras camino [¿es un desierto?]. Veo
que unas personas vienen en sentido contrario y me apresuro a señalarlas con el
meñique; no tienen energía propia, concluyo que son proyecciones.
Las rocas, la calle y mis manos no cambian ni se
alteran cuando fijo la mirada en ellas o cuando pido ver energía o las señalo
con el meñique. Solo las personas oscilan y/o se desvanecen en otra cosa.
Encuentro a un joven alto y delgado, con pantalones
grises [¿mezclilla?], pelo más o menos largo y sin camisa. Está parado a mitad
de la calle como en posición "a caballo" y me da la espalda. No sé
porqué me viene a la mente de que se trata de C.
Voy a señalarlo con el meñique y me doy cuenta de que
-sin verme- él ya me está señalando a mí, pero con el índice de la mano
derecha, que ha pasado por enfrente de su pecho, y por encima de su hombro
izquierdo. Me apunta sin verme; su mano parece mostrar el gesto de disparar
cómicamente con una pistola.
Me llevo una sorpresa y el joven aquel parece llevarse
también otra cuando se vuelve a enfrentarme todavía señalándome con su índice
derecho.
Lo estoy señalando, pero en lugar de oscilar está
fosforeciendo; es real. Me siento muy contento. Me llega la sensación de que
"es un tipo con experiencia y talento para el sueño".
Me acerco y nos tocamos las manos, de hecho nos damos
"un apretón de manos", es una sensación extraña; como algo real pero
lejano [?]. Estoy felíz y él parece también estar muy a gusto. Nos observamos
atentamente por un momento.
Le pregunto su nombre y me sorprende su respuesta. Me dice que se llama [no recuerdo si Luis o Julio o
algo así] y que es de Venezuela. Yo le digo que soy Z, de México. El abre
la boca y los ojos y parece sorprendido. A mí me da risa su gesto; es muy
cómico. En ese preciso momento se acerca otro sujeto joven que parece conocer
al primero. Comienzan a llegar más personas, "materializándose" desde
la nada y yo los sigo señalando a ellos y ellos señalándome a mí. Todos parecen
reales y fosforecen; a diferencia del primero, éstos últimos parecen asombrados
y desconfiados; como si algo de mí no les gustara.
Supongo que yo también debo tener en ese momento "cara de idiota sorprendido". ¿Será
posible que halla todo un grupo comprometido -con éxito- en investigar deliberadamente las vías del sueño lúcido? ¿Porqué no? Es posible. Se dice que hay gente de este tipo en Sudamérica toda, sobre todo en Brasil y Venezuela.
Algo cambia. No sé qué pasa, pero algo cambió de
pronto. Todos están fijos en mí y siento la fuerza sumada de sus ojos como una
presión; parecen ligeramente desconfiados o agresivos o temerosos o qué se yo.
Estan apretados en un grupo compacto, como niños asustados. Me siento abrumado
de alguna manera, no puedo "hablar" y ellos parecen experimentar
dificultades también. Son unos seis o diez jóvenes, no puedo saber si hay
hombres y mujeres. Entonces me lanzo como en un "salto mortal" hacia
arriba y hacia atrás y me voy volando de ahí. Al hacerlo algo cede y
"recupero mi capacidad de hablar", volteo y les grito
"adiós", mientras "muevo la mano" en gesto de despedida.
Aterrizo en otra calle desconocida, parece que estoy
mirando hacia el sur. No hay grandes edificios, solo construcciones bajas y el
cielo está casi limpio de nubes. El sol no se ve por ninguna parte, aunque
parece ser de día. Hay varias personas deambulando. Levanto la mirada hacia el
cielo y veo algo que se mueve en dirección hacia la tierra. Cuando se acerca
más, me doy cuenta de que parece una enorme medusa o malagua casi transparente,
color rosa-pastel-fosforescente, tiene una gran cabeza como de balón achatado,
pliegues abajo y alrededor y largos hilos colgantes que se mueven a modo de
tentáculos. Es un espectáculo impresionante, pero inquietante. Se lo digo a la
gente, pero se ríen y no me hacen caso.
Aparecen más y más, y pronto está todo el cielo lleno
de aquellas cosas que vienen hacia abajo moviéndose a "tirones" y
mediante desagradables "contraciones". Pero la gente parece no
verlas.
De pronto comienzan también a verse destellos de luz
en el cielo, como chispas incandescentes que volaran en distintas direcciones.
La gente se para a verlas y las señala con el dedo mientras gesticula
entuisasmada. Me doy cuenta de que ven los destellos, pero no a las medusas,
que ya están mucho más cerca. Siento que las medusas son una amenaza para la
gente, pero no logro encontrar el modo de hacérselos saber.
Llamo la atención de las personas hacia los destellos
y les digo que son peligrosos (Desisto de tratar de convencerlos de que desde
el espacio vienen grandes medusas y de que alguna manera estamos amenazados
todos).
Hay una tienda cubierta de lona y otros tejidos atrás
y a mi izquierda, tomo algunos niños asustados de la mano y corro con ellos
hacia la carpa; algunos adultos también me siguen; la mayoría de las personas,
sin embargo, están contentas y emocionadas viendo los destellos y me toman por
loco.
Adentro de aquel sitio hay una gran cama cubierta con
una colcha amarilla y varias camillas e instrumentos como de hospital. Parece
una carpa médica vacía de las que usan en la guerra.
Al sentarme en la cama siento como si un bloque
compacto de algo como masa se abriera en múltiples fascetas dentro de mi cuerpo
[¿?] y me llenara de un recuerdo imposible que antes no existía; yo sé lo que
pasó ahí. Yo estuve ahí. Yo conozco a la gente que sufría ahí. Veo en rápida
sucesión a todas las personas que morían y que lloraban ahí, recostados sobre
aquellas camillas. Eran muchas, estaban apilados unos sobre otros. Una certeza
me golpea: las medusas venían de tanto en tanto a "comerse el dolor"
de aquellos moribundos.
Le digo a la gente que está adentro de la carpa que no
hay salvación posible para nosotros, que no tenemos dónde escondernos; que lo
único que podemos hacer es "permanecer sin sentimientos ni pensamientos"; que
no debemos temer y que debemos ser fuertes.
-"Moriremos, pero vamos a pelear".
Veo que las medusas están penetrando por el techo de
lona; ya está una adentro. Los niños la ven.. Me doy cuenta de que la estan
viendo porque levantan el rostro y se quedan fijos en aquella cosa que se mueve
lentamente por el techo. Los adultos no ven nada, pero estan nerviosos,
asustados e inquietos.
No se calman, aunque les digo que las medusas no nos
ven, "solo ven el vapor de nuestras pasiones", que "si nos
mantenemos en calma no pasará nada".
En lugar de calmarse, algunos se agitan más. Algunos niños comienzan a
sollozar bajito; procuro serenarme, aunque en lugar de alejarlos estamos
atrayendo esas desagradables cosas hacia la tienda y yo no puedo hacer nada
para impedirlo.
Ya hay dos o tres medusas adentro de la carpa y
parecen estar fijas en nosotros. Siguen entrando más y más [Son criaturas
enormes y al mismo tiempo y extrañamente caben muy bien en lo alto de esa carpa
que -tomando como referencia la altura de las personas- aparenta medir unos
seis por seis metros de lado, con unos tres de alto en su parte más alta]
Las medusas van a "comerse lo mejor" de esas
personas. Por más que trato, soy incapaz de defenderlas o de convencerlas de
que permanezcan serenas e impasibles. Estoy tranquilo ahora, pero si me quedo,
quizá la angustia, la desesperación, la frustración y la furia se apoderen de
mí cuando vea lo que harán con mis semejantes aquellos seres extraños; sobre
todo con los más pequeños... y quizá entonces yo tampoco pueda escapar de ese
destino. De una cosa estoy seguro con respecto a esos monstruos asquerosamente
brillantes y rosados: no quiero verlos, no quiero que se me acerquen siquiera,
no dejaré que me toquen.
Me llega una sensación de acerada indiferencia. Aunque
es prácticamente nada, ya hice todo lo que podía hacer por la gente. No tengo
fuerza para luchar por otros. Casi no tengo fuerza para luchar por mí mismo.
Me enfoco con toda la fuerza de que soy capaz en el
sitio en que dormí y todo se desvanece rápidamente.
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