Media vida es puro sueño

Los científicos de los Objetos demuestran que -soñando o no- nos pasamos media vida dormidos y media despiertos. Los científicos de la Energía afirman que vigilia o no vigilia, siempre estamos dormidos hasta que dejando de soñar despertamos. Sea como sea, en lo personal prefiero por el momento no meterme en discusiones y utilizar mis sueños como herramienta para aprender cosas y perfeccionar habilidades, y como un medio de actividades deliberadas para divertirme, y luego compartir. Bienvenidos.

sábado, 6 de octubre de 2012

La Cueva




Acabo de subir por una cuesta empinadísima con una carga de 50 kg (un bulto de cemento gris) sobre la espalda. Estoy agotado, he estado acarreando toda la mañana sacos de arena y grava y ahora son -calculo por la altura del sol- cerca de las doce del día. Es verano, el sol cae a plomo y no hay absolutamente nada en donde guarecerce. Todo alrededor es tierra y manchones bajos de hierba rastrera. La botella de plástico de dos litros con agua para beber se ha agotado y tengo que bajar caminando una distancia de cien metros para volverla a llenar.
Lo único en pie cerca de mí son algunas varillas y un trozo de muro de tabique cubierto con cemento rústico de unos tres metros de largo por dos de alto que casi no produce sombra. Quiero tomarme un respiro, estoy casi a punto de caer al suelo de cansancio.

Tomo una lata de acarrear mezcla, le doy vuelta, giro la visera de mi gorra hacia atrás y me monto en la lata, junto al muro, con el rostro vuelto hacia él, un poco agachado para evitar el sol en el rostro. La visera me cubre el cuello de los rayos, pero siento lo caliente sobre la espalda.

El sudor corre profusamente por todo mi cuerpo, baña mi rostro, penetra en mis ojos y los hace arder. Recargo la frente sobre el muro.

Estoy en lo más alto de una colina arrasada por excavaciones para construcción. Después de unos minutos, una ligera -y para mí deliciosa- brisa comienza a soplar desde el noreste. A todo mi alrededor hay montañas azules y verdeoscuro que tapizan el horizonte hasta perderse en la lejanía. Las montañas dan la ilusión de que son más bajas que aquel cerrito en que me encuentro. Pasando un rato, el sudor comienza a ceder, mis ojos casi ya no arden, pero los mantengo cerrados y trato de recuperarme respirando pausadamente y llamando al silencio. En la pantalla oscura de mis ojos cerrados estallan luces multicolores de cegador brillo que parecen sincronizadas con el latir acelerado del corazón y el fluir de la sangre.
Abro un poco los ojos y veo mi sombra proyectada sobre el piso de tierra y sobre la pared borrosa y rústica de cemento gris. El reflejo del sol a los lados de mi rostro sigue siendo fuerte; mantengo la frente pegada a la pared para hacerme sombra y sigo con los ojos abiertos por un rato. No me doy cuenta de que de pronto se lleva a cabo "un salto perceptivo" y una pérdida de la continuidad, me he "perdido unos segundos de conciencia" y no me había dado cuenta hasta que vuelvo en mí. Eso no es raro, todos lo hemos experimentado alguna vez.
Pero algo que no es normal está sucediendo ahora mismo...

La visión de la textura rústica de cemento gris -antes fuera de foco ante mis ojos abiertos- se aclara de pronto, se hace nítida, entra en foco, y lo que veo me hace saltar hacia atrás de la impresión y el susto.
Ante mis ojos aparece un mundo tridimensional, enorme, gris. Es profundo y amplio y está formado por innumerables detalles y texturas, una enorme cueva completamente vacía. Es como si me hubiera encogido hasta ser una bacteria y estuviera parado encima de la pared. No es como si tuviera una visión, es ¡como si estuviera dentro de ella!.

La incongruencia y lo inesperado del fenómeno que se despliega ante mi vista me provocan tal susto que salto hacia atrás y caigo de espaldas al suelo caliente con todo y lata. El sol pega de lleno en mi rostro y me deslumbra; así que cuando me recupero -muerto de la risa- lo único que puedo ver son estallidos de grandes y variadas manchas de colores intensos con el panorama habitual como fondo.

Fue fantástico, me digo a mí mismo lleno de júbilo... ¡Voy a hacerlo de nuevo!
Pero por más que trato de repetir la experiencia no puedo lograrlo de ninguna manera.
Cuando desisto, me doy cuenta de que la fatiga extrema ha desaparecido.
Estoy cansado, pero no exhausto. Dejo todo y bajo a recostarme un buen rato bajo la sombra de los altos y frondosos “amigos verdes” llenos de hojas y bichitos, cien metros hacia abajo por la cuesta empinada.

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